Crítica de cine. Capitán América: Civil War

•julio 3, 2016 • Dejar un comentario

Están los hermanos Coen, los hermanos Farreli, los hermanos… perdón, hermanas Wachowski y ahora, salvando las distancias con los anteriores por el tipo de cine y la experiencia acumulada (en realidad los… las Wachowski están de relleno), los hermanos Russo. Bueno, lo de “ahora” es un decir, porque estos señores ya nos habían deleitado con ese enorme blockbuster que precedía a la cinta que nos ocupa, solo que con esta han demostrado que lo que pasó con Capitán América: El Soldado de Invierno no fue fruto de la casualidad. Estos tíos saben lo que se hacen y lo han demostrado volviéndolo hacer. Capitán América: Civil War es otro peldaño más en la escalera hacia la excelencia de un género que hace no tantos años, salvo honrosas excepciones, era prácticamente un subproducto dentro de las grandes superproducciones de Hollywood.

Ahora más vale que el resto vaya tomando nota de cómo se introducen escenas de acción que no le hagan a uno bostezar después de haber visto algo similar en las últimas 13 películas de acción que fue a ver al cine, más otras 5 o 6 que se tragó algún domingo por la tarde viendo “El Peliculón” de Antena 3. Apunten señores, apunten cómo coreografiar una pelea de 12 personajes superpoderosos que sea mucho más que un “pim pam pum” seguido de muchas explosiones, donde cada personaje mantiene su personalidad, usa de forma creativa sus poderes y tiene su papel; donde se juega a la perfección con el humor e incluso hay momentos para el dramatismo. Aprendan cómo salpicar una película de escenas de acción que no suenen a mil veces vistas, que puedan pasar de la diversión desenfadada al dramatismo más sobrecogedor. Tomen nota de cómo esto es consecuencia de construir una historia en la que tengan cabida humor y diversión, y a la vez carga emocional; donde, sin perder de vista que esto es un entretenimiento, no se renuncie a explorar relaciones humanas como la amistad y la amargura que provocan los desencuentros que la rompen.

Se diría que no es tan difícil lograr todo esto pero está claro que no todo el mundo sabe cómo hacerlo. No todo el mundo sabe introducir todos estos elementos manteniendo la esencia de los personajes. Para muestra otra pelea de dos famosos superhéroes que hemos tenido este año que la gente de Hollywood también debería tener en cuenta para saber cómo no hacer una película de este tipo.

Capitán América: Civil War sí que es un ejemplo de cómo hacerlas. Quizá Soldado de Invierno sea más redonda y quizá en conjunto incluso mejor película, pero Civil War, a pesar de ser un poco más irregular, sube las apuestas y es más ambiciosa, llegando a cotas que aquella no alcanzaba (quizá incluso, en algún caso, las más altas de las películas de Marvel).

Ahora solo queda por ver qué más nos puede ofrecer el universo Marvel y el género superheroico en general. Está claro que la burbuja explotará en algún momento, que algún día la gente se cansará y, como le pasó al Western, los SH pasarán de moda. Por ahora, con gente como los hermanos Russo, el género aún tiene cuerda para unos años en los que todavía podremos disfrutar de estos estupendos entretenimientos.

Make mine Marvel!

Crítica de cine: Batman v. Superman: El amanecer de la justicia.

•marzo 30, 2016 • Dejar un comentario

No sé por qué razón esperaba algo diferente de una película que contaba esencialmente con el mismo equipo creativo que perpetró esa versión de Superman entregado al “destruction porn” que era El Hombre de Acero. Bueno, en realidad no lo esperaba, pero quería creer en ello. Aunque no siempre fue así. En 2013 me interesaba bastante poquito una secuela de aquel Superman para las nuevas generaciones, y me da a mí que los ejecutivos de Warner, y quizá también Zack Snyder, director del asunto, se daban cuenta de que no era yo sólo el que podría no estar interesado. El discreto éxito en taquilla del nuevo Superman (sin llegar a fracaso, mucho menor de lo esperado) hizo aflojarse la corbata a más de uno, y lo que iba a ser El Hombre de Acero 2 (o como quiera que la hubieran llamado) pasó de secuela con cameo de Batman, a convertir a este en coprotagonista y en (mi humilde opinión) a apresurada plataforma de lanzamiento del futuro universo cinematográfico DC.

Así, por si Superman no convencía del todo se aprovechaba el tirón de Batman, a pesar del casting de Ben Affleck, crucificado en las redes de antemano , y que al final forma parte del “haber” de una cinta donde Superman es el “debe”. Pero como iba diciendo, todo esto me la traía bastante al pairo… hasta que empezaron a llegar imágenes, tráilers, marketing a mansalva, y entonces pensé: “coño, igual esto mola”, lo que creó en mí cierta ilusión (admitámoslo, habría ido a verla de todas formas, es Batman contra Superman, joder. Pero ahora iría con ganas).

Y entonces es cuando retomo la pregunta: “¿por qué esperaba algo diferente?”. Como ocurre a menudo, los tráilers enganañan, y en este caso el tráiler era nada más que un resumen de las partes buenas. A saber: la factura técnica, el aspecto visual y la espectacularidad. ¿El resto? Meh. De nuevo tenemos la pretenciosa oscuridad, madurez y “realismo” de la DC actual. Acompañadas, otra vez, por un montaje irregular, un ritmo tirando a aburrido, una pésima caracterización de los personajes y un guion que le hace a uno preguntarse cómo es posible que profesionales que se dedican a esto no sean capaces de crear algo mejor. ¿Tan difícil es?

El caso es que, aunque la película tiene un punto de partida y un planteamiento interesantes, acaba teniendo una serie momentos que hacen añicos el guion y matan la película. Hay cosas muy chulas, sí, pero eso no basta. No basta con tener a un Batman visualmente espectacular, que por fin se mueve y se comporta como un superhéroe, si luego nos saltamos a la torera aspectos fundamentales de la esencia del personaje (cosa que impide Affleck terminar de convertirse en el Batman definitivo aunque no le impida ser de lo mejor de la película), no basta con tener a una Wonder Woman que calle la boca a todos sus detractores si le das un papel minoritario en la película, no basta tener una pelea épica de superhéroes si la resuelves dando vergüenza ajena, y en general, no basta con escenas de destrucción masiva y acción a raudales (que hasta pueden llegar a hastiar al respetable), sobretodo si estas están mal repartidas a lo largo de la película, que tenemos una hora y pico de preparación sin apenas acción y luego otra hora interminable de superguantazos, explosiones, rayos y daños masivos a la propiedad (esta vez sí han tenido la deferencia de llevar las hostias lejos de las posibles víctimas), para acabar con un epílogo que se te hace más eterno que el último minuto de la final de la champions. Y todo eso “a palo seco”, sin una banda sonora adecuada que amenice y dé vida a la película. No es que no llegue al nivel de John Williams, es que no llega ni al nivel del propio Zimmer en su predecesora.

Pero con todo y con eso, lo peor con diferencia de la película es el tratamiento de Superman, que ni está, ni se le espera. Un Superman sin alma, irreconocible, que no se parece a la clásica versión ofrecida por Christopher Reeve, ni tampoco se comporta como el Superman de los cómics modernos. Un Superman que, tal y como pasaba en El Hombre de Acero, no tiene de Superman más que la S en el pecho. Un pecado que, me temo, nos perseguirá mientras Zack Snyder siga a los mandos

En definitiva, una película que se preocupa más de molar que de contar por qué mola y que pierde demasiado tiempo siendo un tráiler para la futura película de la Liga de Justicia a costa de quitar tiempo para desarrollar a personajes, que ya de por sí no están muy bien traídos.

Una pena.

Crítica de cine: La Jungla de Cristal (Die Hard)

•enero 30, 2016 • Dejar un comentario

Escribo esta crítica un poco como homenaje a Alan Rickman, fallecido recientemente en el momento en que escribo esto. Las jóvenes generaciones lo considerarán siempre como Snape, de Harry Potter, pero para los que crecimos en los 80 Alan Rickman será para siempre Hans Gruber, el ladrón (¿quién ha dicho que fuera terrorista?) alemán que con frialdad y elegancia le amarga la vida a un policía de Nueva York más solo que Gary Cooper ante el peligro. Y es que en esta modélica película de acción en la que casi todo funciona como un engranaje perfecto, hay mucho más que un gran villano (que deja a la altura del betún a cualquier malo del tres al cuarto de las posteriores películas de acción de los 80 y los 90, e incluso de las posteriores secuelas de la saga) hay también un gran héroe. Ya que si Alan Rickman construye un villano de lujo, Bruce Willis construye un héroe de acción para la eternidad, y si alguien duda de ello, por favor, que me diga el nombre de alguno de esos héroes musculados interpretados por Van Damme, Steven Seagal, Schwarzenegger y hasta el mismísimo Chuck Norris. ¿No? ¿Ninguno? Creo que John McLane podría explicarnos por qué.

 

La jungla de cristal ha sido plantilla para la gran mayoría de las películas del género en los años posteriores, pero casi ninguna le llegaba a los talones. Ninguno de esos héroes tenía el carisma y la socarronería del policía de Nueva York que se encontraba en el peor sitio en el momento más inadecuado y ninguno de esos villanos tenía el magnetismo del ladrón (¿quién ha dicho que fuera terrorista) alemán que casi hasta el final de la película aún parecía que podía ganar.

 

Aquí no encontraremos artes marciales, ni héroes desarmados que tumban a mamporros a 17 enemigos armados. No tenemos a un malo malísimo al que hasta sus secuaces temen y que se los carga cuando fracasan como si le sobraran. Lo que sí es tenemos a un policía que es un ser humano, puede que sea un tipo duro, pero no es un superhéroe. No es un ex-fuerzas especiales, no es el número 1 de su departamento, no es un famoso agente entrenado por el gobierno (aunque eso cambiaría poco a poco en las secuelas). Es solo un tipo que empieza la película con sus problemas personales, problemas cotidianos que todo el mundo puede entender en un grado u otro, y que se topa con una situación que no esperaba y que le supera.

 

Es un grano en el culo para los malos, pero le cuesta sangre, sudor y lágrimas (literalmente) y que a pesar de las pequeñas victorias que va logrando no deja de estar en una situación desesperada en toda la película.

 

Lo que también tenemos es un malo que no es un villano de opereta. Es un asesino y un criminal como muchos de los que (por desgracia) puede haber en este mundo. No echa risotadas maléficas, no es un tipo duro que casi podría derrotar al bueno a puñetazos, ni tiene un ejército de sicarios anónimos e intercambiables. Es un criminal inteligente y planificador que ha reunido a un grupo de criminales como él, profesionales, con los que en algún momento se deja entrever que no son meros mercenarios, que son amigos, compañeros y parte del plan. No los va a traicionar para quedarse él solo con el botín. Él es la cabeza, el que ha planificado el golpe, pero esto es un trabajo en equipo. “Reina” entre los malos por puro carisma, no por violencia o intimidación (muchos de sus compañeros podrían hasta darle una paliza sin problemas) y le siguen porque saben que él es el más apto para guiar el golpe. Y todo eso está en la gran interpretación de Alan Rickman que supo darle ese carisma y apartarlo del villano típico (se dice que en el guion original Hans Gruber vestía con uniforme militar, pero Alan Rickman propuso que sería mejor que vistiera de traje y corbata).

 

Al final uno de los puntos fuertes de la película es el duelo de ingenio entre el héroe y el villano, ya sea hablando por walkie-talkie o las pocas veces que se ven cara a cara, y todo lo que rodea a ese duelo convierte a la película en una montaña rusa donde nunca sabes exactamente cuál va a ser el siguiente movimiento de los malos o del bueno. Una montaña rusa guiada con precisión por la mano de John McTiernan, que sazona con humor socarrón espectaculares escenas de acción sin necesidad del CGI con una gran factura técnica y una limpia fotografía que llega al clímax en esta gloriosa escena.

 

Por supuesto, hay que reconocer los fallos que tiene la película, en los que quizá se abunde en ciertos clichés sobre los policías, periodistas e incluso agentes del FBI demasiado tontos para darse cuenta de que son tontos y le están bailando el agua a los malos. En su esfuerzo por demostrar la gran planificación y la superioridad intelectual de los malos a veces la peli cae en mostrar personajes un tanto tópicos.

 

Aún así, estos defectos, no consiguen desequilibrar el mecanismo de relojería que mencionaba al principio. Posiblemente una de las mejores películas en su género, gracias, no solo a los tiros y a las explosiones, sino a las interpretaciones. Algo a lo que contribuyó en gran medida ese gran actor que era Alan Rickman.

 

Le echaremos de menos, pero siempre nos quedará el Nakatomi Plaza.

Crítica de cine: La guerra de las galaxias. Episodio VII: El despertar de la fuerza.

•diciembre 23, 2015 • Dejar un comentario

Está por todas partes, nos rodea y nos cubre, se encuentra en cada ser vivo y lo conecta todo.

Podría estarme refiriendo a la Fuerza, pero no, me estoy refiriendo a la poderosa y omnipresente campaña promocional de Disney para asegurarse de que cada persona del planeta se entere de que se ha estrenado una nueva película de Star Wars. Muchos la esperaban con ansias, es sin duda el acontecimiento cinematográfico del año. Vaya por delante que yo no tengo tanto asco a la trilogía moderna como parecen tenerla la mayoría de los fans, pero aún así mi impresión (casi certidumbre) es que J.J. Abrahms, que es un buen director, que ha demostrado sobradas veces que se mueve como pez en agua en el género fantástico y de ciencia ficción, haría una buena película que mejoraría bastante a las últimas y, aunque no se quedaría muy lejos,  estaría por debajo de las clásicas.

Los trailers ya dejaban ver ese aspecto más sobrio y a la vez desprendían esa sofisticación que da actualizar la saga a los nuevos tiempos. La cosa pintaba bien. No esperaba salir del cine entusiasmado y dando botes, (mi “hype” con la peli era moderado) pero sí que pensaba que me encontraría un gran entretenimiento que me evocara los mejores momentos de la saga y que me devolviera la pasión por esta historia.

La fuerza no ha acompañado.

A ver, que la peli en sí no es mala, de hecho está rodada con pulso firme, visualmente ha captado el tono perfecto, sin la saturación de CGI de la segunda trilogía pero sin abandonar la espectacularidad visual por ello. Los personajes principales tienen carisma y son tridimensionales, les coges aprecio pronto. Como entretenimiento es buena y posiblemente las nuevas generaciones que la vean sentirán lo que sintieron los chavales del 77.

Sí, todo eso está muy bien, pero tiene un problemilla…

Todo, absolutamente todo lo que sale en la película ya lo has visto antes. Tienes la impresión de estar volviendo a ver otra vez el episodio IV y por momentos parece que hasta hacen gala de ello. La falta de originalidad, lo poquísimo que aporta, la simpleza de su historia (que ni siquiera es una simpleza original, también es sacada de las anteriores) hace que a uno se le quede la impresión de “para este viaje no hacían falta estas alforjas”. En serio, lo único que aporta esta película es la obscena cifra de dinero que va a generar a las arcas de Disney. Por lo demás teníamos 6 películas, mejores o peores, que contaban una historia con su principio y su final. Un final feliz donde todo queda en su sitio y uno ha disfrutado del viaje para ser recompensado con que los malos han caído, los buenos han ganado, y todos están en paz unos con otros. Con amistades forjadas que ya nada podría romper y amores que durarían para siempre.

Entonces ¿a cuento de qué nos devuelven ahora a la casilla de salida? Si van a contar lo mismo que la otra vez con el añadido de mostrarnos la decrepitud de los viejos personajes, mejor podrían habérselo ahorrado y dejarnos con nuestro final feliz.

La trilogía original es mítica, historia del cine. La trilogía moderna tendrá multitud de fallos pero al menos se atreve a ir por terrenos desconocidos. ¿Y esta?, esta está bien hecha y es entretenida, pero la Fuerza se quedó en las otras películas

 

 

 

 

 

 

Traducciones nefastas y por qué molan (IV)

•diciembre 12, 2015 • Dejar un comentario

El personaje que nos ocupa es bastante singular, posiblemente cuando se creó no se pensaba que fuera a tener mucho recorrido. Un personaje que se creó exclusivamente como motivación para que los héroes y villanos de Marvel se dieran de tollinas y que se salía de todos los parámetros conocidos hasta ese momento, puesto que era un ser omnipotente de otro universo cuyo aspecto en principio no era más que una brecha en el espacio de la que salía luz. El caso es que el personaje, por increíble que parezca, ha vuelto en varias ocasiones con orígenes confusos puesto que diferentes guionistas no se ponían de acuerdo. Y al final ha llegado a dar lugar a toda una mitología en torno al personaje.

BEYONDER

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¿Cómo debería haberse traducido?

Esta es difícil. Debería se algo como El del más allá.

¿Cómo lo llamamos en España?

el Todopoderoso

¿Por qué mola?

¿Cómo vas a llamar a un ser que es omnipotente y te habla con una luz en cielo como si fuera Dios? La verdad es que traducir su nombre en inglés se las trae. Así que el traductor debió de pensar: “¿no es omnipotente?, pues hala, Todopoderoso” Y se quedó tan ancho. Y la verdad es que es un nombre bastante más descriptivo que su nombre original, aunque se parezcan como un huevo a una castaña. Pero…¿El del más allá? ¿qué pasa?  ¿es que es un fantasma? No hombre, es Dios y punto. A ver, este punto es conflictivo ya que este nombre ya tiene cierta marca registrada y porque alguien es llamado así frecuentemente. Pero ambos son totalmente diferentes y nadie ha pedido copyright, así que seguirá siendo el Todopoderoso (incluso aunque sea miembro de una raza, que por fuerza ya no queda otra que llamar, los Todopoderosos…)

 

 

Traducciones nefastas… y por qué molan (III)

•noviembre 28, 2015 • Dejar un comentario

Y llegamos a otro carismático gran personaje. Un villano que con todas las de ley se ha ganado sin duda el título de mayor villano del universo Marvel y en general uno de los mejores villanos de cualquier obra de ficción que, sin ir más lejos, fue influencia confesa para otro gran villano vestido de negro con icónico casco y capa. Un villano torturado del que muchos autores se han “enamorado” hasta darle un aire de nobleza (y a veces anti-heroísmo) pese a ser más malo que mandar a tu abuela a por marihuana.

DOCTOR DOOM

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¿Cómo debería haberse traducido?

Doctor Condenación, Doctor Ruina, Doctor Fatalidad, Doctor Maldición…

Elegid uno.

¿Cómo lo llamamos en España?

Doctor Muerte. Postraos ante él.

¿Por qué mola?

Bueno, porque para empezar no es una traducción nefasta, es una traducción perfectamente correcta. Si uno se va a wordreference, la primera acepción que uno se encuentra para “doom” es, precisamente, muerte. Sin embargo es cierto que no es la palabra más común usada por los anglosajones para referirse a la muerte (esa sería “death”) y que en todas las traducciones que se han hecho en países de habla hispana y algunas incluso en España (en alguna publicación o serie cuyos traductores no estuvieran al corriente de la traducción oficial de los cómics) se ha usado alguna de las acepciones anteriormente indicadas.

El caso es que la traducción española lo clavó. No es una cuestión de costumbre, es que la palabra muerte es mucho más ominosa que todas las demás. De la ruina, de la condenación o de la fatalidad se puede salir y sobrevivir. De la muerte no. Nada de medias tintas. El nombre deja bien claro a qué clase de enemigo te estás enfrentando, rey, conquistador, científico supremo, hechicero oscuro… Muerte.

 

 

 

 

 

 

Traducciones nefastas… y por qué molan (II).

•octubre 10, 2015 • Dejar un comentario

Y para este segundo post dejo otra traducción cuyo responsable solo la pudo pergeñar en un ataque de locura poética. Otro personaje no tan famoso como el del post precedente, pero con un halo innegable de personaje de culto dentro de la cultura popular. Hablamos del navegante de los caminos estelares, aquel a quien Jack Kirby dio su singular aspecto y a quién  Stan Lee dio su alma melancólica, solitaria y poética.

SILVER SURFER

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¿Cómo debería haberse traducido?

El Surfista Plateado o El Surfista de Plata

¿Cómo lo llamamos en España?

Estela Plateada.

¿Por qué mola?

Jack Kirby tenía unas ocurrencias geniales. ¿Un tío plateado que va por el espacio en una tabla de surf? Es tan surrealista que es genial. Sin embargo el nombre, admitámoslo, es sosón y obvio. Y de nuevo el traductor español de turno tuvo una ida de olla mental y se salió por la tangente con un nombre mítico. Algo mucho más en consonancia con ese halo reflexivo y melancólico que Stan Lee le imprimió. ¿Qué suena mejor acaso? “¡Eh, surfista!” o “¡Eh, Estela!”. El personaje ha hecho sus pinitos en la gran pantalla y nuestros grandes traductores supieron mantener el nombre con el que se le bautizó por estos pagos en una escena mítica de la película “Marea Roja”.

No he podido encontrar la escena en ninguna parte pero la cosa viene a ser que dos reclutas se están partiendo la cara, cuando Denzel Washington (su superior) le pide explicaciones, el recluta le explica que el otro recluta, muy fan de Moebius, dice que el Estela Plateada del susodicho es el auténtico, por lo que perdió los nervios diciéndole que el auténtico Estela Plateada es el de Kirby. Denzel Washington muy indignado le dice que no tiene tiempo para estupideces, que si no sabe mantener la calma dará parte de él, porque está obligado a mantener la calma incluso ante la estupidez, ya que todo el mundo sabe que el auténtico Estela Plateada es el de Kirby.

Y esta no sería su última mención en el cine, por supuesto. En la secuela de los 4 fantásticos de 2005, Estela Plateada era casi coprotagonista, pero por alguna razón de marketing decidieron llamarle en el título y en general en la película con su nombre original “Silver Surfer”. Pero sin duda el traductor de turno conocía el nombre español, ya que en una escena deslizó un homenaje que pasaría desapercibido a casi todo el mundo. En dicha escena los militares informan a Reed Richards de una serie de fenómenos por todo el globo, Richards dice que nunca ha visto nada igual y pregunta a su amigo Ben Grimm (la Cosa) enseñándole las fotos, a lo que este responde: “no tengo ni idea, pero la estela plateada que desprende el objeto….”