Traducciones nefastas… y por qué molan (I).

En esta serie de posts voy a mezclar un poco de frikismo con mi interés profesional actual, la traducción, para hacer un pequeño análisis de aquellas traducciones de nombres de personajes de cómic que han llegado hasta nuestros días a pesar de ser auténticos errores garrafales. Pero no acaba ahí la cosa, voy a intentar argumentar cómo esos errores garrafales han dado lugar a nombres míticos que mejoran al que hubiera debido ser por razones objetivas más allá de la pura nostalgia.

Ocurre que, cuando los cómics Marvel empezaron a publicarse en España allá por los primeros 70 por la infame editorial Vértice tanto los medios técnicos como los conocimientos de inglés del españolito medio dejaban mucho que desear, dando lugar a denominaciones de los personajes Marvel de lo más peregrinas (en serio, quisiera conocer a quien se le ocurrió ciertos nombres y ver qué se le pasaba por la cabeza) y sin embargo, como ya he dicho, algunos de esos nombres resultaron tan míticos que han perdurado hasta nuestros días y no tienen visos de cambiar. Empezando por el que es, quizás, el más famoso y polémico:

WOLVERINE

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El letal mutante de las garras y esqueleto de adamántium, con factor curativo aumentado y sentidos y reflejos animales. El personaje más popular del mundillo mutante y uno de los personajes Marvel más famosos.

¿Cómo debería haberse traducido?

Carcayú o Glotón. En ambos casos es el nombre de un cánido abundante en las rocosas canadienses o estadounidenses.

¿Cómo lo llamamos en España?

Lobezno. Con dos cojones

¿Por qué mola?

¿Carcayú? ¿En serio? ¿Y que le canten aquello de “carcayú cuando mueras que harás tú”? Y no digamos “glotón”. ¿Quién se tomaría en serio a un superhéroe llamado “glotón”?. Vale que Lobezno no parece muy intimidante, pero se puede ver que el que tuvo la ocurrencia vio una cierta lógica. “Wolverine” comparte raíz léxica con “Wolf”, por lo que viendo al personaje, el traductor pudo pensar en un fiero lobo pequeñito. Por mi parte eso es lo que veo cuando leo “Lobezno”. Nada de un cachorro de lobo, sino un lobo pequeño y cabreado con malas pulgas con el que te pensarías dos veces meterte.

Y de todas formas que me perdonen mis amigos del otro lado del charco pero al menos tiene cierto parentesco de especie, ya me diréis en qué cojones se parece a un “Guepardo” como le llaman en Colombia.

Aunque siempre se puede hacer aún peor…

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~ por ultronilimitado en septiembre 4, 2015.

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