100 grandes momentos del cómic (y XI)

Y llegamos al final de nuestro viaje. Los últimos 5 momentazos del listado.

5. ¡Spiderman nunca más!

De nuevo una de las escenas más icónicas de Spidey. Una que ha sido homenajeada hasta la saciedad en portadas e interiores de otros cómics, e incluso trasladada casi calcada a la gran pantalla. La primera vez (y precursora de otras tantas) que Spidey decidiría tirar las mallas a la basura (literalmente), aunque luego siempre decidiera volver a retomarlas. Primero de muchos intentos de madurar y dejar atrás los juegos de niños (aunque el sentido de la responsabilidad siempre le obligara a desdecirse).

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4. La caída del murciélago.

Es posiblemente la derrota más contundente que ha sufrido Batman en su dilatada carrera y la que aupó a la fama al temible villano Bane, el único capaz de quebrar al murciélago. Este villano, adaptado a la gran pantalla en dos ocasiones (la primera de manera lamentable en la sonrojante “Batman y Robin”, y la segunda de manera mucho más interesante, aunque un tanto libre, en la tercera parte de la trilogía de Nolan) fue concebido de alguna forma como la némesis definitiva de Batman, puesto que, a diferencia de la mayoría de los grandes enemigos del murciélago, que cuando suponen reto físico no resultan un desafío a la inteligencia y viceversa, Bane supone una gran amenaza en ambos aspectos. Este villano, criado en cautividad, en una inhumana prisión de un ficticio país sudamericano, creció oyendo historias del misterioso justiciero enmascarado de Gotham City y se  propuso como objetivo “destronarlo y coronarse rey de Gotham”. Bane pudo escapar tras ser tratado con una droga experimental que le dotaba de fuerza sobrehumana y trazó un plan para acabar con Batman. Conjeturando que, a pesar de su fuerza aumentada, atacar a Batman en un asalto directo reducía tremendamente sus posibilidades de derrotarle, Bane orquestó desde las sombras una serie de enfrentamientos sistemáticos de Batman con algunos de sus peores enemigos, que le llevaron al borde del agotamiento físico y mental. Así, tras semanas de perseguir y luchar contra los enemigos que Bane había liberado de Arkham, Batman regresaba a la mansión Wayne totalmente hecho polvo, solo para encontrarse con Bane (que había conseguido deducir la identidad del héroe) listo para el combate. Batman sería completamente derrotado por Bane, que como colofón a su gran victoria decidiría no matarle, sino dejarle indefenso y parapléjico para siempre, al más puro estilo pressing catch.

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Por supuesto, con el tiempo el héroe se recuperó, pero la escena forma parte de la mitología de Batman e incluso daría el salto al cine.

 

3. La muerte de Flash.

En 1985, tras varias décadas de enrevesar la continuidad metiendo tierras paralelas y mundos alternativos, DC Comics decidió hacer borrón y cuenta nueva en una histórica maxiserie que eliminaría los conceptos sobrantes y mantendría lo mejor de todas las décadas de historias de DC. Durante la citada historia mundos y realidades enteras serían borradas de un plumazo, muchos personajes desaparecerían en silencio en la oscuridad y otros lo harían por todo lo alto. Algunos de ellos realmente ilustres, como el que nos ocupa. Flash, (no confundir con Flash Gordon, con el que solo tiene en común parte del nombre) el icónico velocista escarlata de los cómics DC, fue el personaje responsable de revivir el género superheroico e inaugurar la edad de plata de los cómics a finales de los 50.  Aunque muchos sitúan la madurez del género en la creación del universo Marvel por parte de Stan Lee y Jack Kirby, es de justicia mencionar que antes de eso el trabajo de gente como Julius Schwartz y Carmine Infantino contando las aventuras del policía científico Barry Allen que era alcanzado por un relámpago y adquiría supervelocidad, resucitarían un género que prácticamente se daba por muerto tras la segunda guerra mundial. Es además una de las aventuras históricas  de Flash la que plantaría la semilla de Crisis en Tieras infinitas mucho antes de que esta fuera escrita. En aquella historia, Flash se encontraba con su versión de otra realidad paralela, dando lugar al concepto de multiverso en los cómics DC y parece lógico que 30 años después, en la saga que pretendía acabar con ese multiverso, Barry Allen (Flash) encontrara su final.

La escena concreta tiene lugar cuando el malvado Anti-monitor intenta activar su cañón de antimateria para acabar con el multiverso. Solo, sin tiempo para llamar a otros héroes o esperar refuerzos, todo depende de él. Corriendo a una velocidad mayor de la que jamás había sido capaz de alcanzar, Barry crea un vórtice en torno al cañón de antimateria, conteniendo con él su energía y salvando así al multiverso. Pero el esfuerzo es más de lo que puede soportar, y Flash sacrifica su vida por salvarlo todo mientras corre hacia su muerte.

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El personaje volvería a la vida, pero tendrían que pasar nada menos que 23 años de aquella historia (en 2008) para que DC se atreviera a deshacer una de las muertes más significativas de toda su trayectoria.

 

2. La muerte de Superman.

“¿Y por qué no le matamos?” La broma recurrente cada vez empezaba a tomar más fuerza en los encuentros creativos de DC Comics y lo que en un momento alguien dijo sin pensarlo mucho, empezó a hacerse más y más probable hasta que pasó. Todo ocurrió, como no, motivado por las bajas ventas. El primer superhéroe hacía mucho tiempo que ya no estaba en el candelero y la editorial necesitaba un golpe de efecto, algo que devolviera a Superman al número uno. Así que… ¿por qué no matarlo? Sonaba a locura, y de hecho la idea original para subir las ventas era casarlo, pero por diversas cuestiones hubo que aplazar la boda, y mientras tanto bien podrían hacer algo aún más salvaje, algo de lo que hablara todo el mundo. Y así fue. DC comics decidió matar al icono de comic más reconocible de todos los tiempos y dicho acto no pasó desapercibido, convirtiéndose en la mayor maniobra de marketing de la historia del cómic. Por primera vez desde… desde siempre, los medios generalistas a ambos lados del charco, se hacían eco de un acontecimiento ocurrido en las páginas de un tebeo americano de superhéroes (aún recuerdo en los telediarios de España como los reporteros preguntaban a la gente de a pie qué pensaban de la muerte del superhéroe, con las respuestas más variopintas y disparatadas que uno se pueda echar a la cara) y la maniobra no le pudo salir más redonda a DC, que consiguió su objetivo de poner a Superman en boca de todo el mundo. Todo ello mucho antes de que existiera internet y las redes sociales, lo cual tenía el doble de mérito. Lo cierto es que la maniobra, tan beneficiosa para DC en su momento, ha sido vilipendiada como culpable, en gran parte, de la especulación del cómic en los 90 que hizo que las editoriales se preocuparan más de vender chorrocientosmil ejemplares de un tebeo para los coleccionistas en vez de intentar escribir historias. Muchos, ya en su día, se quejaban de lo barata que era la maniobra y del poco juego que dio la muerte del héroe (no es que la gente fuera tan inocente como para pensar que Superman iba a permanecer muerto, ni siquiera en aquellos tiempos donde las resurrecciones no estaban aún a la orden del día, pero es que Superman volvió a la vida cuando no había pasado ni siquiera un año en el mundo real). La historia en sí no es ninguna maravilla del noveno arte, aunque tampoco está mal del todo, y hay que reconocer que creó que a un mítico villano para la galería de Superman y una historia que dejaría huella en el personaje. La estructura de la muerte es sencilla pero eficaz. Una misteriosa criatura surge de la nada en el medio oeste americano y traza un camino de destrucción a través de Estados Unidos. Nada puede detenerlo. Ni el ejército, ni la Liga de la Justicia. Todo lo que se enfrenta a él cae a su paso. Al final solo queda Superman, que durante varias agónicas páginas intenta detener el avance de la criatura hasta Metrópolis sin éxito. Allí, en su ciudad, Superman libra su última pelea con el monstruo, agotado y roto el Hombre de acero pone su último aliento en un asalto definitivo al villano que sería conocido en adelante como Doomsday (Juicio Final). El embate es brutal y la terrible amenaza cae derrotada, pero también Superman, que se desploma mientras Lois Lane llora ante su cuerpo sin vida y el mundo pierde a su mayor héroe.

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Posteriormente daría inicio una línea argumental de varios meses que desembocaría en la resurrección del héroe (tecnología kriptoniana e intervención paterna “desde el otro lado” mediante) pero tanto el villano Doomsday (que por supuesto tampoco murió) como el relato de la muerte, pasarían a formar parte de la mitología del Hombre de acero.

 

1. La noche en que ella murió.

De los 100 momentos que he escrito en esta lista muchos podrían ser discutibles. Mucha gente cambiaría radicalmente la lista, pondría otro orden, quitaría algunos momentos y añadiría otros, e incluso yo mismo si me pongo a revisarla un día, quizá la modificaría radicalmente. Pero si hay un momento que estoy seguro de que permanecería en su puesto es este. Muchos sitúan el fin de la edad de la plata de los cómics en este momento. El momento en que la inocencia desapareció para siempre. Cierto es que había habido muertes anteriormente en los cómics, pero ninguna tan relevante, y sobretodo ninguna tan inesperada. Eran unos tiempos en los que si había algo seguro es que, por mucho que sufriera el héroe de turno, al final siempre triunfaría, al final siempre derrotaría al malo y salvaría a la chica. Y aunque incluso en la portada del cómic ponían sobre aviso al lector de que alguien del gran elenco de secundarios de Spiderman iba a morir, casi nadie se lo creía realmente. Todo el mundo pensaba que sería algún truco, que al final todos acabarían sanos y salvos como siempre, o que como mucho moriría algún secundario muy secundario. Era una época donde la información no era tan abundante como ahora y en la que sorprender al lector era mucho más fácil, así que realmente nadie lo vio venir y decir que el resultado fue impactante es quedarse corto. Cuando el equipo creativo de Spiderman decidió matar a Gwen Stacy, el amor del héroe, ni siquiera los responsables de la serie se esperaban una reacción tan furibunda de los fans (cuentan que el guionista Gerry Conway llegó a recibir cartas amenazándole de muerte y acusándole de asesino, no me quiero imaginar cómo habría sido la cosa si hubiera ocurrido hoy en día con internet). ¿El motivo de tamaño crimen? Bueno, básicamente una de las razones del éxito de Spiderman era la combinación de aventura superheroica con los elementos de “soap opera”. Los lectores estaban tan interesados en verle pegarse guantazos con los malos como verle capeando los problemas con las chicas, pero la relación con Gwen era cada vez más estable y mataba toda la tensión romántica de la serie, así que ni cortos ni perezosos decidieron optar por la opción más radical. En solo un par de números Normal Osborn, aquejado de amnesia, recuperaba la memoria y recordaba ser el Duende Verde, se enfundaba su uniforme de batalla y se dirigía al apartamento de Peter Parker (del que sabía que era Spiderman) pero allí solo encontraba a la pobre Gwen. Usándola como cebo atraería a Spiderman hasta un puente neoyorkino (no hay acuerdo sobre cuál, puesto que se nos dice que es el de George Washington, pero se dibuja el de Brooklyn) donde tendría lugar una brutal pelea durante la cual el Duende golpearía a Gwen arrojándola al vacío, y aunque Spiderman lograría detener el impacto final contra el cemento del puente o el agua del río gracias a su telaraña, la chica llegaría muerta a los brazos del héroe (de nuevo con polémica, puesto que, aunque el Duende afirma que ya estaba muerta mientras caía, un sospechoso “snap” sonó a la altura de su cuello cuando la telaraña frenó su caída, lo cual sigue atormentando al trepamuros hasta el día de hoy).

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Y así tendría lugar la muerte que marcaría, no solo al personaje, sino a toda una generación de lectores, e incluso a la industria del cómic. Posiblemente la última gran muerte que realmente ha importado y que aún siguen sin atreverse a deshacer.

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~ por ultronilimitado en junio 1, 2015.

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