Crítica de cine: El hombre de acero

Reconozco de partida que El hombre de acero lo tenía difícil para encandilarme, porque el Superman que se encuentra grabado en mi mente, el arquetipo del personaje, es el que construyó Richard Donner en 1978. Así las cosas, la versión rupturista de Snyder tendría que poner mucho de su parte para conquistarme. Y al principio casi lo logra. La escena inicial en Kriptón es soberbia y espectacular, sin duda lo mejor de la película. Esa escena hizo olvidarme totalmente de mis reparos y por momentos me hizo creer que estaría ante una película grandiosa, que quizá podría ser que esta nueva versión de Superman sustituyera a la clásica en el imaginario colectivo… pero lamentablemente no ha sido así.

Tras el excelente prólogo en Kritpton la Tierra resulta ser un pequeño bajón en el ánimo. Es a partir de ese momento donde se empiezan a evidenciar las carencias de la cinta. Toda la película parece convertirse en una larguísima escena de aprendizaje de poderes. La narración a base de flashbacks se vuelve reiterativa y en general uno tiene la sensación de que todo ocurre de manera un tanto forzada.

Que no se me entienda mal, la película tiene momentos realmente espectaculares, es un entretenimiento muy digno, y hasta llega a poner los pelos de punta en contadas ocasiones, pero le falta la capacidad de transmitir algo más allá de la espectacularidad visual. De alguna forma pareciera que los personajes y sus interacciones fueran algo totalmente accesorio y cuando no, demasiado forzadas y surrealistas.

Siento decir que Cavill no me convence como Superman. No es que el chaval lo haga mal, pero hay algo en él que hace que no me crea que estoy ante Superman, y no atino a definir exactamente qué es. A ello tampoco ayuda la banda sonora de Hans Zimmer, que sin ser mala sufre del mal típico de las bandas sonoras de los últimos años: no tiene personalidad, es totalmente intercambiable por cualquier banda sonora con cierta épica y naturalmente sufre el peso de la comparación con la increíble melodía de John Williams como una losa.

En conclusión, uno se encuentra ante una película ambiciosa (lo cual no deja de ser valiente) cuyo problema reside en que no ha sabido estar a la altura de esas ambiciones.  Es una película espectacular y disfrutable que se pasa volando (nunca mejor dicho), pero que se queda lejos de ser esa historia “más grande que la vida”, de ser el Superman definitivo. No sé, igual es que soy un nostálgico de los tiempos de Christopher Reeve…

Lo mejor, la secuencia inicial en Kriptón y la pelea en Smallville
Lo peor, la poca capacidad de emocionar.

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~ por ultronilimitado en junio 23, 2013.

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